28 de junio de 2008

Ahora sí... TCB6 en persona

Ayer recibí mis dos ejemplares de The Children's Book of American Birds, número 6, donde aparece mi cuento titulado "Balas de plata".



La revista en persona es aún más bonita de lo que imaginaba, y el contenido promete mucho (no solo porque salga yo, je je): Pablo García Casado, Juan Bonilla, Amélie Nothomb, Vicente Luis Mora, y muchos otros.

Se puede pedir por correo en la web del Club Leteo, y también estará disponible para los madrileños en la librería Traficantes de Sueños, en Embajadores.

Muchas gracias a Alberto R. Torices por la oportunidad.

17 de junio de 2008

15 de junio de 2008

Presentación de Sicilia, Invierno


Este jueves en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Ignacio Ferrando presenta su nuevo (y estupendo) libro. No hay que perdérselo.

11 de junio de 2008

The Children's Book of American Birds, nº6

Ya casi está aquí:


Y, dentro de esta preciosidad, un cuento mío titulado "Balas de plata".

El próximo domingo, 15 de Junio, se presenta en Barcelona, por si alguno está por allí en esas fechas:

2 de junio de 2008

Readers on the Storm



Este jueves en "Tres rosas amarillas", a partir de las 19:30, un evento literario imprescindible :-D

26 de mayo de 2008

Pequeños accidentes caseros, Berna Wang

Por fin me he hecho con este libro. Llevaba en mi cartera de "deseados" desde que leí uno de los poemas que lo integran, por ahí, ya ni recuerdo dónde, ni cuándo. Solo que fue hace mucho y que, periódicamente, me vuelve a la cabeza, una fijación de esas de las que no consigues desprenderte del todo.

El poema era este, que reproduzco aquí porque me parece maravilloso.

Pequeños accidentes caseros

Me hice un tajo en un dedo cuando cocinaba.
Luego me despellejé otro dedo al abrir una botella.
Hoy me he raspado la pierna con el pico de la mesita.
Así que me he puesto seria:
he reunido en asamblea a todos los objetos de mi casa
y les he dicho que ya sé
que me muero de la pena,
que tengo el corazón en carne viva,
que ya sé
que no soy más que una herida que sangra tristeza,
que hasta respirar me duele porque él no me ama
como le amo yo;
en fin: que no hace ninguna falta, les he dicho,
que me lo recuerden también ellos
cada día.

Berna Wang, Pequeños accidentes caseros
adamaRamada ediciones, 2004

20 de mayo de 2008

Sicilia, invierno

Tengo que confesar, sin ninguna vergüenza, que formo parte del club de fans de Ignacio Ferrando.

Supongo que la cosa empezó, allá por el verano de 2006, cuando, junto con otros compañeros, me apunté a un taller de "Creatividad y Literatura" en la Escuela de Escritores. El curso duraba un mes, tenía varios profesores y Nacho daba dos clases. Entonces a mí ya me sonaba su nombre como ganador de varios premios importantes, aunque casi todos los que estábamos en aquel curso éramos novatos en esto de los talleres y muchos nombres del mundillo del relato actual nos sonaban a chino.



La experiencia fue tan buena que varios de nosotros acabamos en el siguiente Curso de Relato que daba Nacho en la escuela y que empezaba en otoño. Puede decirse que ahí empezó nuestra pequeña secta.

Nacho ha sido más que un excelente profesor para nosotros (si alguno de los compañeros se pasa por aquí, podrá atestiguarlo). Ha sido otro compañero más, con el que hemos compartido lecturas, cañas y alguna que otra inocentada. Hemos brindado con champán por sus premios (y algunos de los nuestros, también), hemos engullido bombones mientras leíamos relatos con los dedos manchados de chocolate, nos hemos reído hasta no poder seguir leyendo, hemos compartido libros fantásticos y chismes, y casi dos años de mucho trabajo literario en el que todos hemos crecido como escritores (y creo que también como personas).

Ninguno dudábamos de que el nuevo libro de Nacho iba a ser excepcional, porque, la verdad, no recordamos haber leído nada suyo que no sea muy bueno (si lo hay, lo tiene muy, pero que muy bien escondido...).

He leído "Sicilia, invierno" a saltos en cinco trayectos de metro en los últimos dos días. Cada uno me daba para aproximadamente dos cuentos y algo, de los once que forman el libro, más el anexo con notas. Cuando el metro llegaba a su destino y tenía que cerrar el libro, me resistía. Quería seguir caminando con él en la mano, leer un párrafo más, empezar ese nuevo cuento que me aguardaba donde había dejado el marcapáginas, protegido por una hoja salpicada de ramas, y cuyo título anticipaba otro mundo en el que sumergirse, en el que jugar con las leyes de Mendel, con tubos de pintura o pasear por el Retiro a horas intempestivas.

Esta tarde he llegado a casa buscando las llaves en el bolso con una mano, porque con la otra sostenía el libro mientras terminaba de leer el apéndice de notas, pequeñas pinceladas que clarifican el proceso creativo de cada relato. Enseguida me han entrado ganas de escribir. Unas ganas mastodónticas, compulsivas, como las de una yonqui a la que le falta la dosis. La buena literatura hace eso para mí: me impulsa a crear, a intentar alcanzar los límites más altos posibles, a superar a Nacho (el maestro) en un alarde de osadía, inconsciencia, narcisismo o fiebre, yo qué sé.

Así que ahora solo estoy esperando a terminar este post un poco panegírico y otro poco envidioso (a medias sano, a medias en proceso de curación) para lanzarme sobre la hoja en blanco y dejarla hecha un asco a base de letras y signos de puntuación. Y mañana, recomendar el libro a todo el que me pregunte. Porque es estupendo, y eso no lo digo porque yo sea del club de fans de Ignacio Ferrando.