17 de diciembre de 2007

Las correcciones de Raymond Carver

La revista New Yorker, en su número de invierno dedicado a la ficción, abunda de nuevo en la polémica acerca de la "autoría" de la versión final de los cuentos de Raymond Carver.

Esta vez nos sirve en bandeja a los lectores una prueba documental para que podamos hacernos a la idea de hasta qué punto Gordon Lish, el editor de Carver, llegó a meter las tijeras en los textos. La revista ofrece la versión original del cuento "Beginners", que pertenece a "What we talk about when we talk about love" (De qué hablamos cuando hablamos de amor), el primer libro de relatos de Carver, el que marcó el comienzo de su fama.


Este cuento es el último del libro y tiene su mismo título, no el que Carver le dio al escribirlo. Es la versión corregida por Lish, por supuesto. La otra no ha salido a la luz más que ahora, cuando la viuda de Carver, Tess Gallagher, ha decidido que los cuentos de su difunto marido deberían ser publicados tal y como él los escribió.

Es un ejercicio curioso leer la versión original de "Beginners", así como la versión editada, que contiene las tachaduras de Gordon Lish, los cambios que hizo (entre ellos, cambió el nombre de varios de los personajes, eliminó pasajes largos y todo el final escrito por Carver).

La narración de Carver es algo más explicativa de lo que nos resulta familiar en él, y es Lish quien se encarga de podar todos los pasajes que suenan a circunloquio, justificación, explicación o "telón de fondo" para el lector. Deja que este sobreentienda muchísimo más, que tenga que hacer más trabajo, porque no le da nada mascado y listo para digerir. En ese sentido, Lish ha vuelto el cuento más minimalista, más del realismo sucio del cual Raymond Carver lleva siendo un pope tantos años. Los personajes dicen menos y se describen menos gestos suyos -solo los esenciales, podríamos decir.

El final de Lish es como un zambombazo, una descarga eléctrica que no sabes de dónde viene. El final de Carver llega suave y, en cierto modo, predecible, como una pelota rodando cuesta abajo. Me ha sorprendido descubrir que el Carver original encerraba mucho más sentimentalismo que el que yo conocía. Nada que ver. Como si un mago hubiese transformado un bizcocho con pasas en un spray de defensa.

3 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

Gracias y un abrazo.

Recaredo Veredas dijo...

Trataré de leer el artículo del New Yorker. Creo que fue Baricco quien descubrió los apaños de Lish. En cualquier caso, la edición y modificación de originales es habitual en cualquier editorial que se precie. La cuestión es si la edición sirve para mejorar el mensaje del autor o si, como parece el caso, lo altera radicalmente. Tal vez el suplantador no fuera siquiera Lish, sino un lector de Lish. Saludos y enhorabuena por el blog.

Paula dijo...

Hola Recaredo, hay por ahí un artículo de Baricco al respecto:
http://www.jornada.unam.mx/1999/08/29/sem-baricco.html

En la web de New Yorker además incluyen algunas cartas entre Carver y Lish al respecto de las correcciones de los cuentos. Toda esa correspondencia, además de los originales, es lo que Baricco investigó, y de lo que habla en su artículo. Todo el mundo parece "echarle las culpas" a Lish, no sé hasta qué punto puede certificarse que fuera él, es cierto.

Gracias por la visita.