3 de enero de 2008

De Nocilla hasta los codos

Me he pasado la mitad del año 2006 leyendo artículos, opiniones, comentarios sobre esta dichosa Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo, y en un fin de semana, el último del año, me he ido a encontrar de pronto con las primeras opiniones de conocidos que habían leído el libro y con un ejemplar en mis manos.


Sentía cierto repelús ante la idea de comprarlo, ya se sabe que los críticos a veces se entusiasman con cada cosa... y ese afán de notoriedad que ha acompañado al libro (me niego a llamarlo novela, porque no me parece que lo sea) en su trayectoria me tiraba un poco para atrás, la verdad. Me había dicho a mí misma que esperaría hasta recibir una opinión de primera mano de alguien cuyo criterio valorase, y entonces decidiría si lo compraba o no... o si esperaba a que la biblioteca lo comprase (opción en general más recomendable para economías sumergidas en los vaivenes del euribor como la mía).

Un amigo al que he martirizado con mi curiosidad por el dichoso libro durante meses ha acabado por regalármelo, y por eso yo he acabado por leerlo. Justo cuando otra persona me había hablado mal de él y ya casi lo daba por descartado. Pero es que yo soy una curiosa impertinente (sí, impertinente), y en el fondo le tenía ganas, así que me lo he leído en un par de tardes y, la verdad, me ha gustado. No entusiasmado, pero después de tanto barullo y torbellino mediático, esperaba algo muchísimo peor. Ahora, ahora matizo.

Parece que, como la historia está ambientada en el extranjero (EEUU principalmente), eso genera de entrada cierta fascinación, "extrañamiento". ¿Funcionaría igual si la carretera de la que habla estuviera en el desierto de los Monegros y los personajes fueran de algún pueblo de Castilla, y tuvieran nombres como Manolo, Pepe o Lola? Me da que no.

Se le ha colgado el título de "nueva novela", "mejor novela", "novela del siglo XXI", pero oye, que no es una novela. Eso creo. Es más bien un conjunto de historias, como microcuentos (con todo lo imprecisa que es esa definición), microensayos, punchlines. Muchas palabras científicas como en los anuncios de detergente, para que compres lo que te venden.

La forma tampoco es innovadora, ahí a alguno se le ha ido la pinza. Me viene a la cabeza Perec con su "La vida instrucciones de uso". Por ahí he leído referencias a "Rayuela" (aunque esa sí que es una novela, y MENUDA novela) y a algo de Foster Wallace que no he leído. Tal vez se ha hablado de "revolución literaria" porque la innovación formal parece que estuviera de capa caída por estos lares --habría que ver dónde pone el ojo cada uno--, y un pequeño soplo de aire fresco se eleva a la categoría de un huracán de fuerza 5. No sé si todo se le va en la forma, si es un globo vacío. La forma sí que distrae mucho, al menos a mí, que me distraigo con nada.

Pero tiene su gracia, yo creo que se lee bien. A pesar de los saltos de lugar, tiempo, género, personajes, hay los suficientes elementos comunes como para seguir una cierta línea de continuidad (el desierto, los árboles, los zapatos colgados de ese árbol, todos los personajes que pasan por la US50 y por Carson City, que son casi todos, los coches americanos).

La única referencia local, a una gasolinera de Albacete, en realidad está disfrazada de americana. El personaje toca la guitarra eléctrica, hace bolas de papel para que rueden por la calle como en un pueblo del oeste, se le acercan las tres chicas surferas en su coche americano. Que sea Albacete es casi un chiste, porque no está hablando de nada local, y todas esas referencias a los "Dodge" y otras marcas tienen que ser intencionadas, aunque chocan con el imaginario rural común.

Resumiendo, que no está tan mal. No lo llamaría enésima maravilla literaria del mundo, pero a mí me parece que el engarce funciona. Aunque sería mejor que nadie se fiara de mi opinión, que yo para estas cosas soy muy parcial y un poco desastre.

4 comentarios:

Recaredo Veredas dijo...

Qué casualidad. Pensé en comprarlo y escribir un post, ahora que el aluvión amaina. Intuyo que nuestras opiniones no serán muy distintas. Feliz 2008.

Paula dijo...

Ah, pues a ver qué te parece, ya te leeré. Sí que es verdad que la burbuja nocillera parece haberse desinflado un poco... por fortuna.

Alberto Suárez dijo...

Me resulta curiosa esa renuencia actual a ambientar novelas en España; incluso los nombres propios entre los que nos movemos a diario se nos han quedado ridículos para cualquier protagonista, y creo que esto sería algo que habría que reivindicar sin ningún tipo de filiación y sin intenciones patrioteras, porque pasa en literatura como en política: si empiezo a leer algo cuyo protagonista se llama Pepe, me cae encima una nube entre caspa-castiza y plomo. Pero creo que, mientras nuestra educación sentimental sea tan estadounidense, seguiremos escribiendo a ritmo de thriller y con personajes arquetípicos del imaginario yanqui.
Lo reconozco en mí: me resulta más evocador el desierto de Mojave que el de Almería, más cargado de posibilidades estéticas y aventuriles; y lo contradictorio es que ninguno de estos espacios lo he pisado aún.
Pero sería conveniente reclamar esos espacios como territorio explotable desde el ejercicio literario sin que esto implique, insisto, un posicionamiento ideológico.
A mí Nocilla dream me pareció una cosa muy leve. Creo que Fernández Mallo se ocupó más de blindar "filosóficamente" su libro que de trabajarlo en sí. Ahora lo estoy considerando más en la línea de la norteamericanización del ritmo y del imaginario de la literatura en español.
Felicidades por tu blog.

Paula dijo...

Hola Alberto,

A mí me pasa lo mismo con la ambientación. Necesito que esté cuanto más lejos de mí, mejor, para sentirme cómoda con ella. Eso no quiere decir que todos mis personajes sean americanos, pero pueden ser cualquier otra cosa menos españoles, y menos aún madrileños. Soy incapaz (hasta ahora) de escribir un cuento que transcurra en mi barrio o en la Puerta del Sol. Sencillamente, no me sale. Sin embargo, no me cuesta nada imaginarme historias que transcurren en París, en Berlín o en lugares indeterminados con un cierto aire europeo.

No sé exactamente de qué me viene esa manía, si es de mi inmersión en el cine americano, en la literatura anglosajona o mi sensación de que si estoy demasiado próxima a mi vida geográficamente, estoy enseñando demasiado de mí, de forma demasiado obvia. Vete a saber.