... cuando estás empezando a escribirla?
Es lo que me llevo preguntando más o menos desde septiembre, cuando decidí tirarme a la piscina con una historia "larga" (a la que todavía no oso llamar novela, aunque en mi fuero interno es lo que espero que sea, con el tiempo y el sudor de mi frente).
Está claro que ningún éxito pasado garantiza el éxito presente. Que lo que hayas hecho, semejante, hace diez años, no implica que ahora, en este momento, seas capaz de volver a hacerlo. Que la mano se pierde, se oxida, y cuando intentas volver a ponerla en marcha durante más de veinte folios, se resiente y acabas con tendinitis y dolor de hombro.
Está claro que es difícil prenderse con algo y seguir, y avanzar todos los días (cuando dos días de cada tres tienes que volver atrás, y revisar, y cambiar, y arrugar papeles, y tirarlos al contenedor de reciclaje, y tirarte de los pelos, y procrastinar viendo vídeos en YouTube y luego sentirte culpable por no estar haciendo lo que deberías). Está claro que hay que supervitaminarse y mineralizarse para adquirir la confianza necesaria para no abandonarlo todo al primer contratiempo.
Está claro que hay que creer mucho en una misma y tener mucha fuerza de voluntad para buscar horas en las que trabajar cuando no se vive de esto. Está claro que esta no es una actividad para todo el mundo, y no está nada claro que, aunque una crea que es lo suyo, lo sea de veras.
Ni siquiera está claro que después de casi siete meses con ello siga mereciendo la pena. O que la haya merecido alguna vez. Aunque está claro que alguna clase de pálpito hay, o que esto es una huida hacia delante. Tal vez.
Entonces, ¿hay algo que esté claro? Quizá esa es la gracia del asunto, y el camino consiste en averiguarlo.
Está claro que ningún éxito pasado garantiza el éxito presente. Que lo que hayas hecho, semejante, hace diez años, no implica que ahora, en este momento, seas capaz de volver a hacerlo. Que la mano se pierde, se oxida, y cuando intentas volver a ponerla en marcha durante más de veinte folios, se resiente y acabas con tendinitis y dolor de hombro.
Está claro que es difícil prenderse con algo y seguir, y avanzar todos los días (cuando dos días de cada tres tienes que volver atrás, y revisar, y cambiar, y arrugar papeles, y tirarlos al contenedor de reciclaje, y tirarte de los pelos, y procrastinar viendo vídeos en YouTube y luego sentirte culpable por no estar haciendo lo que deberías). Está claro que hay que supervitaminarse y mineralizarse para adquirir la confianza necesaria para no abandonarlo todo al primer contratiempo.
Está claro que hay que creer mucho en una misma y tener mucha fuerza de voluntad para buscar horas en las que trabajar cuando no se vive de esto. Está claro que esta no es una actividad para todo el mundo, y no está nada claro que, aunque una crea que es lo suyo, lo sea de veras.
Ni siquiera está claro que después de casi siete meses con ello siga mereciendo la pena. O que la haya merecido alguna vez. Aunque está claro que alguna clase de pálpito hay, o que esto es una huida hacia delante. Tal vez.
Entonces, ¿hay algo que esté claro? Quizá esa es la gracia del asunto, y el camino consiste en averiguarlo.


