11 de noviembre de 2007

Polémicas, gustos, mermeladas y El Quijote

Esta semana he escrito un artículo sobre Raymond Carver para la web SinColumna. En él hablo de la polémica sobre la autoría real de los textos de Carver (manipulados sin compasión por su editor, Gordon Lish), y hago un apunte sobre lo poco que me gusta a mí Carver en realidad --por mucho que sea un pope del género corto, un dios del realismo sucio, un imprescindible en cualquier taller literario que se precie.

Tirando del hilo de este artículo, me he puesto a pensar en todo aquello que no me gusta. Concretamente, en esas obras literarias (más o menos excelsas) que, o bien no me han gustado nada, o me han dejado fría. Y en el escándalo que se organiza cada vez que alguien reconoce que tal o cual le ha parecido un aburrimiento.

Sin ir más lejos, recuerdo que hace relativamente poco, Espido Freire declaró en público que no le gustaba "El Quijote". Se organizó una buena, y de inmediato surgieron voces de todo tipo (literarias y otras que pasaban por ahí) que condenaban tales declaraciones y se escandalizaban de la caradura de la escritora. Como si la obra de Cervantes se hubiera subido a un pedestal tan alto que nadie pudiera tocarla con sus dedos manchados de... yo qué sé. De mermelada, por ejemplo.

Uno puede estar o no de acuerdo con la opinión de la señora o señorita Freire, pero lo cierto es que el aburrimiento es libre. Tan libre como cualquier otro sentimiento personal. La experiencia literaria es algo muy íntimo que sucede entre el lector y la obra, y en ese momento de la lectura no deberían interponerse cuestiones tan cósmicas como la trascendencia de la obra, la importancia del autor o el prestigio que pueda suponer decir que se ha leído (aquí me estoy acordando, sin ir más lejos, del Ulises de Joyce). Por eso yo digo, sin ningún pudor, que no me gustan los cuentos de Raymond Carver. Y lo digo con conocimiento de causa, porque los he leído prácticamente todos. O tal vez debería afinar un poco más la opinión: reconozco la valía de Carver (o de Lish..., visto lo visto), pero es un estilo que no conecta conmigo. Me resulta demasiado árido, difícil de leer, seco, duro a ratos. Prefiero un narrador que redondee más el lenguaje, que me lleve por una corriente de palabras menos abrupta, aunque lo que me esté contando sea tan duro como lo que cuenta Carver.

Epílogo:
A mí sí que me gusta "El Quijote", pero también es cierto que hay otras obras que me han gustado muchísimo más. Por ejemplo, "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, que es considerada unánimemente por casi toda la gente que conozco como un tostón de los gordos.

1 comentario:

manuespada dijo...

Paula, coincido contigo: A mí Carver me aburre bastante en general, salvo algún relato, tanta sutileza y leer entre líneas gestos mínimos me producen bastante sopor, aunque como juego pueda estar bien en un principio. Habrá que leer los relatos sin corregir por su editor, porque lo mismo me empieza a gustar. Me alegro por coincidir con toda una erudita. Besos.